GESTO DE PAÑUELOS – NOPOEMAS DE LA LEJANÍA

La isla de mis pájaros

Tu boca, rosa explícita
que canta en el rincón silente de mi espacio,
me llama a la esperanza
cuando la soledad se me encadena
a los pies sin vestigios de algo mejor que hoy.

Estás ahí, como en un mapa de tesoros múltiples,
de cofres en que nacen alhucemas,
de dulces animales fabulosos con corazones suaves.

Estás ahí con mi misma memoria avariciosa
de tiempos con campanas,
de lunas diluviales sobre vidrios con polvo,
de sombras plegadizas que susurran palabras que hacen bien.

No sé si soy poético
o me saldrán historias que te colmen la risa
con abejas de hechizos migratorios
que no conozcan al horror de pie

pero he remado mucho hasta la playa
y diente a las estrellas me cobijo debajo de tu mundo
y recorro tus caminos con este bamboleo de oso panda bebido
entre caracoles y lagartos azules
que se ríen de mi regreso al niño sin presagios.

Escribo muchas cosas y trazo singladuras
que lleven a la isla de tus pájaros héroes
porque de vez en vez, el norte se evapora de mis ojos.

Tu gesto de pañuelos

Observo tu lugar
con esta migratoria voluntad de molinos
y esta amansada ferocidad de bestia uncida,
de oso milenario
al que ha capturado un circo pobre.

Siempre estás, cuando llego con la zarpa y el canto
en mi deriva de hambre,
en mi poca alegría que sonríe a veces con tu nombre
de panal herido
de laborioso panal herido
que enjambra nuevamente su defensa.

Hay días en que me pregunto por tu refugio pálido
como si fuera un andén debajo de la lluvia
que siempre espera un tren
en el que solamente viaje gente buena.

Espero verte entre la multitud de la estación vacía
y espero, en realidad,
ese gesto constante
que de un andén a otro hacen tus ojos de porcelana cálida,
cotidiano,
sensible,
palatable.

Tu gesto.

Una bandera, una señal de humo atada con pañuelos,
algo en la lejanía, siempre allí,
es eso que me ayuda a descubrir esta ausencia de soledad total
aunque haya despedidas en mis puertos
y silencio de radio en mis congojas.

De andén a andén, un gesto.
Alguien me ve.

Acústica del agua

Esta voz que me existe el fatalismo,
el tumulto en la llaga, la bravura,
el oscuro cincel del alma dura
y el pesado valor y el simbolismo,

pierde la condición de su mutismo,
—amurallado grito de espesura,
niño olvidado en una noche oscura—
aferrando a tu luna el nomadismo.

Entre el silencio de los telegramas
a tientas en la paz, sigo tu paso
con el rudo erotismo de una fiera.

Un rescoldo de agua entre mis llamas
habita el suave río de tu abrazo
que enciende estrellas en mi madriguera.

Sencillamente un romance

Para el ramo de tu boca
y en el penal de mi carne,
escribo con estorninos
solas palabras de nadie.

Desembocadura y dique
del caudal de mi desastre,
sombra de luz en mis ojos
de acritud itinerante,
bebo de tu orilla calma
la hierbabuena y el aire.

Estás entre mis silencios
como una luna que arde
en un día anestesiado
hecho con dolor y arrastre,
para decirme que al cielo
tengo una vez de mi parte.

Viejo de mudez y áspero,
sin finales rutilantes
llego con la lengua rota
de prédica en los eriales
hasta tu recodo mágico,
donde acontecen tus árboles
y en el borde de tu mundo
obligo a que ardan mis naves
aferrado de tus costas
con mis palabras de sangre.

Sonidos en proceso

Había una vez un animal de agua
que imaginaba un animal de trueno.

Recogido y dorado por el sol del crepúsculo,
el animal de agua,
de ojos grandes y risa bulliciosa,
cultivaba la luna en los pocillos de beber el café
y plantaba retazos de guitarras
en el cielo nublado.

El animal de trueno
siempre lejos del sol y hecho con lluvias,
conocía tan solo de retumbos.
Extraviado del canto en un lugar ajeno
andaba
para aquí o para allí con sus tambores.

A veces, en un incordio cósmico,
el animal de agua que sembraba las nubes
y el animal de trueno que aporreaba la tierra,
coincidían el día del tañido.

Entonces, hacían música.

Como hoy, se pueden escuchar

de vez en cuando.

Desbocaduras

Índice general, página abierta,
como un dondiego que la noche apura,
página piel donde escribir tersura,
oscura y animal, tras su compuerta.

Mapa de clara y montañosa alerta,
valle aluvial de inexplicable hondura,
desboco mis manadas de bravura
por tus ríos de música despierta.

Escucho con la sangre, beso el fuego,
cierro la letra triste y carcelaria
del corazón con grietas. Sin sosiego,

muerdo el placer, tu lengua temeraria
y en tu huerta secreta e iniciaria,
desordeno mi karma, como un ruego.

Del latido del aire y otras implicancias

En este espacio-tiempo
hay un orden secreto para todas las cosas,
una mano que rige sin promesas ni dádivas
el latido del aire.

Hay una indisciplina de la tierra
y sus hombres de barro.

Es una indisciplina reclamada
como un fruto ancestral, siempre infecundo,
cuando semilla sobre el porvenir.

En este sitio anónimo
ausente de cualquier titular en las noticias,
inexistente en todos esos mapas que dan la vuelta al mundo
vivo como una mata,
un cereal estepario devorado por animales negros
y famélicos
y estoy aquí por vocación de espiga,
por obstinación de vegetal desértico
que habita en su vigilia de rebrotes
como en un muro habita el tesón de la piedra.

Por qué me siento bien en los desastres
es para mí una incógnita.
Pero es la realidad, mirada adentro.

Creo que ya no llego ni a decírtelo
dentro de esta hondonada de trinchera.
Pero perduro ¿ves? Siempre perduro.

Resistencia del hueso

Me quedo en el absurdo de la trama,
en la ceniza urdida, el esqueleto
que desde el hueso de la voz reclama
un porvenir de agua, un amuleto
contendor de los vientos en la rama
donde el nido guarece su boceto
que en la furia de Dios se desparrama.

Sin embargo, en este instante prieto,
medra la oscuridad con su epigrama
y la muerte nos vuelve un lazareto
si a los muros de lucha se encarama,
sanguinaria y voraz como su reto.

Resiste el hombre aquí, fuerte y callado,
mientras el mundo entero se hace a un lado.

Causas perdidas y otros argumentos

Un bálsamo suicida me acorrala con su profunda fe,
a mí, que he desafiado al mundo en mi porfía como un animal ciego,
un animal obtuso y mal herido, tremebundo animal que se alucina
con sus propias verdades.

Alguien me habla de paz mientras me escucha hablar solo de guerra
y por mi sangre mata sus palomas y aligera la luz enrojecida
mientras yo voy de callo en callo, amurallando el alma con revoque
que blinde mi universo.

Mi universo no es esto que se ve. Esta perpetua inconclusión en guerra
que elige la violencia como causa de redención profunda
en una humanidad que ha combatido contra su propia entraña, diariamente,
y que aún no resuelve sus idiocias.

Cuando me nombra un animal de láudano, sonrío
con mi absoluta fe contradictoria en las causas perdidas
y redoblo
la paradójica apuesta de los muertos
a que existe otra vida.

No sé qué hace mi boca con tu voz
pero tu voz se lleva las palabras extrañas que me surgen
igual que manantiales purulentos.
Soy imposible de purificar, en esta sintonía oscurecida,
pero el absurdo resuelve el teorema,
con su simplicidad de certidumbre.

Tu boca, compañera, me hace bueno,
así, tan mansamente,
como un poco de sol sobre la página donde garabateo las derrotas.

Migración de los pájaros

Los mundos son disímiles, opuestos
como lugares que no son contiguos
y en mi mundo de hoy no cabe el verbo,
tan solo el estoicismo.

Ando de a pie, sin ganas de arrebato,
sin ganas de jolgorio o arcoíris,
con la muerte pegada como un halo
al que nada redime.

La conexión es mala, el tiempo es poco,
el nubarrón de sangre es permanente,
y la Peste galopa entre el rastrojo
lo mismo que la Muerte .

Otra vez huele a pólvora mi mano,
mis ojos se acuchillan en su filo
y la escritura escapa sin sus pájaros
por mi costado efímero.

Así estoy y como estoy dibujo
mi panorama oscuro y sin remedio.
No sé qué más decir. Todo me duele.
Por eso hago silencio.

Isla sitiada

El poema se da lejos del aire,
como una intromisión desde la ausencia
piel abstinente de viejos maleficios,
hiedra final y quemazón de higuera
que un agua sin vigor ha abandonado
sobre las rocas, en la playa isleña.

Un leño inútil que llorando arde
la voz final de su madera intrépida;
un mascarón de proa sin navío
que con manos de sal zurce las velas
y martilla a remaches sobre el casco
las alas de su última quimera.

Llega un momento donde no hay sextante
que acierte con el rumbo y con la estrella
y en el mapa sin dios de lo divino,
se vuelve circular hasta la pena
y tropiezan sangrando viejos pasos
una vez y otra vez contra la piedra.

Ya ves que hasta he perdido los alardes,
y el tesón es un náufrago de niebla.

Me recluyo a mi sangre en mi conmigo
y allí me quedo inmóvil, en alerta.
Siempre llegará un Judas a besarnos
con su beso de víbora en la lengua.

Me recluyo en mi sangre, en mi conmigo,
muralla adentro y en mi propia guerra.

Astillado

Algo le ocurre al animal de sangre
encontrado en la playa, boca arriba,
salino de hermetismos y de dudas
atrapado en la piel de su sequía,
resquebrajado como un mal pronóstico
sobre la redundancia de una herida.

El animal sobre la playa escupe
silencio y angostura en su agonía.
No reclama a los dioses del absurdo
y espera en mar la cura primitiva,
con su llaga de sal sobre la boca
y sus dientes de sal, sobre la vida.

Roto animal sin plumas, aquí el viento
roe su mascarón de nave insignia
que ha extraviado los rumbos de ser Fénix
destrozando sus alas mal queridas
y en el cielo cambiado de otro mapa
ha quemado los fuegos que traía.

Sobre la playa, desgarbada estirpe,
rodeado de sus húmedas reliquias
el animal de sombra se ensombrece
como la intensidad en sus pupilas
y una luna sin piel rueda en el agua
del canto de su pena perseguida.

Se entrega a ser arena, ásperamente,
como una piedra que el desierto humilla.

Un Fénix de carbón se va apagando:

pecio animal, hundiéndose sin prisa.

Eclipse de luna en Tánger

Esta luna de sangre, rosa rota
sobre la espuma antigua del eclipse
cubre en mí las borrascas y así acota
su húmeda pasión, bajo la elipse
de la palabra aprisionada. Escota,
que en el velero de mi voz cautiva
dirige el giro que captura el viento.

Allá tu boca un canto, costa viva,
provocadora luz bajo el lamento
llama a mi costa muerta, a la deriva.

No hay alas en el mar de mis tifones.

Salada arena gris, fondo sin peces
para ninguna red. Solo oraciones
en que te llamo si te desvaneces.

Arda tu luna en mí. Bravos tizones
en mi umbra y mi mar, cuando apareces.


Introverso

No creo que no me quiera
tu relámpago en el cielo,
ni creo que la inclemencia
me empantane los cimientos.
Quizás es que el gato este,
pelado gato de techo,
llega de noches heridas
travestido en pobre perro,
con el cuero devastado
por la sarna del silencio.

Gato triste sin alunes,
que yace lunado y viejo,
arañando los cristales
de un hogar lejos del miedo,
atrapado entre las sombras
por la escarcha del infierno.

No creo que no me quiera
la intrepidez de tu trueno,
ni tu verbo ni tu prosa
me resuman a un recuerdo
que cabe en esas cunetas
donde vas dejando muertos.

Soy yo. Soy yo el calendario
que devora años bisiestos
y envejece en la nostalgia
amarillo e introverso,
con la historia ya vivida
como heroico pasatiempo.

Será que el gato está ronco
a espuertas del sentimiento
y que la luz no le roza
los ojos, como a los ciegos,
o que un buen día sin día,
aprendió que está muriendo
y pregunta por las flores
que olvidó con sus desprecios
y su corazón, vacío,
perdió hasta el remordimiento.

No dudo de que me quieras
con tus otoños atentos,
con tus veranos de agua,
con todos, todos tus versos,
con las llamas y los cánticos,
sacerdotisa del templo.

El corazón vulnerado,
guarda en su sima tu rezo.

4 comentarios sobre “GESTO DE PAÑUELOS – NOPOEMAS DE LA LEJANÍA

  1. Pensé que era uno y es una recopilación emocionante.
    No sé si esto saldrá o tendrás que aprobarlo, no entiendo aún este sistema.
    Hermosísimo el poemario y las imágenes.
    Salud, negro.

    Le gusta a 1 persona

    1. Te agradezco mucho, negrita. Creo que todavía faltan unos cuantos que no encontré, porque deben estar metidos adentro de algún contrapunto. No me abrochan muy bien las neuronas estos últimos días.
      Neshikot.

      Me gusta

    1. Puede ser que me haya olvidado de poner el link en el otro blog. La verdad es que estoy medio pavo últimamente. No me abrochan demasiado bien las ideas, Mirel querida. No es que no salió. Es que anulé los comentarios allá, pero te preguntaba por qué te gustaba más aquel que este. Ya me dirás.
      Abrazos.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s