LOS DIARIOS DE AIVAN JAID (solo las novelas en español )

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Segunda edición

Uno entra a esta novela como entra un enemigo a territorio desconocido, con los sentidos en alerta y dispuesto a recibir el ataque. Desprovisto de adornos, el paisaje es hostil, casi inasible en lo descriptivo pero intensamente denso en las emociones que transmite, porque las secuencias las vive – mientras las dice en un lacónico diálogo – un protagonista oculto en sí mismo, protegido en una identidad que sin nombre propio va emanando todo cuanto le va sucediendo, pero como si no fuese parte de eso que le está pasando, como si la pasionalidad de los hechos sean competencia del lector.

La historia se da en algún lugar impreciso, pero real; y así es el planteo del relato, que transcurre en una geografía particular imposible de fijar, o, mejor dicho, innecesaria de precisar, pero que se entiende cierta desde el plano de la realidad en cada una de las situaciones. Las simbologías que parecieran ser tales, son más cercanas de lo habitual: cabezas, ojos y corazones cercenados, bombardeos y líneas demarcando límites, significan y simbolizan, parecen y realmente son; y es por esto que una “presencia” o un “ángel” devienen en protagonistas reales que sostienen los sucesos hasta el estremecimiento sin reparos.

Pero, más allá de la trama, hay algo que apuntala a la novela, y este algo es el enorme conocimiento que tiene el protagonista sobre sí mismo y sobre las circunstancias. Digo “sobre” y no “de”, para remarcar el factor experiencia que viene tácito en el relato, pero que no puede obviarse. Una experiencia vital que hace responda con aparente frialdad ante la atrocidad circunstancial, que hace lata prevenidamente todo el tiempo, como si no le cupiera ningún resto de asombro ante el desastre y, que sin embargo, hace que todavía guarde en lo íntimo, la emoción que genera la inocencia.

Con este autoconocimiento, comprende que vivir al límite es casi un no vivir, que en algún momento todo pudiera ser tanto que desearía desprenderse del propio cuerpo; mas, al no darse esto, y darse en cambio la persistencia de la vida, surgen las dos variables que cierran los cimientos del libro, la de la camaradería, y la del amor, pero, con un dramatismo fuera de norma. El círculo se hace tan breve y los sentimientos tan fuertes, que con el camarada vuelto “ángel” no precisa hablarse, ni dialogar con la “presencia”, porque el amor es una urgencia que vence al tiempo.

Recorrer las páginas de Alegoritmos es recorrer ciertos abismos que pareciera sólo el hombre puede generar, encrucijadas que sólo ciertos sujetos elegidos por la vida están llamados a transitar, pero también es vivenciar de manos expertas el poderío de la fe, la razón hecha carne en cuanto se vuelve convicción y deviene en manera de actuar. Novela noble, narrada visceral y poéticamente, Alegoritmos es una belleza literaria desde cualquiera de los ángulos que quiera y pueda mirarse, donde escritor y protagonista, fundidos y velados, se descubren en su sencilla grandeza, porque es cierto, “Todos los monstruos somos en el fondo románticos”.

Silvio Manuel Rodríguez Carrillo – Paraguay

El Ser y la rabia es un ejercicio de pura supervivencia.
El grito y la rabia que se aprende a contener pero que no deja de ser siempre el animal que rompe la puerta de hierro y sale a pasear, el vuelo del ángel negro que recibe, recibe y recibe pero tiene a su vez, debido a los golpes recibidos, la capacidad de reflexión y reacción. Destacaría como primera arma la recibida a través de la pasión por la lectura, y de ahí, el mapeo de ideas desde niño; pensar es la impronta, la herramienta básica. Después conoce otro pilar fundamental en el boxeo, el deporte como modo de gestionar y descargar.
Aún así, lo que sucede transmite rabia e impotencia al testigo (lector). Hay personajes que potencian esa sensación y el testigo tiene el impulso de intervenir pero solo puede leer.

Deja una sensación de vitalismo y de esperanza a pesar de que la muerte y la desolación están presentes en la obra. No sólo la muerte del cuerpo, algo menos tangible como la materia o la carne; almas muertas y valores sociales que se tambalean, la muerte del alma, de la humanidad, del niño, la muerte del mundo donde el protagonista se forja en el tipo de persona en la que se convierte en el futuro de tanto pelear a la contra. Tanto, que se convierte en su forma de vivir porque se hace perceptible la existencia de varios puntos de no retorno; no se puede volver cuando se dan ciertos pasos que el lector interioriza como inevitables. Todo eso que se lleva grabado a fuego en la capa más profunda del ser.
Hay momentos de ternura desde cierto humor, de dolor, de horror y pánico, de un impacto emocional demoledores que se forman en la mente con nitidez sin que el autor necesite caer en lo explícito ni en adornos que sobrecarguen cada pasaje del libro.

He vuelto a encontrar a algunos personajes que aparecen en otros momentos de otros títulos. He vuelto a entrar en el mundo de Samuel (todo contado en saltos de tiempo que el lector ya reconoce si ha leído anteriores trabajos). Me ha vuelto a atrapar, no me ha dado tregua, al igual que el primer poemario que leí sobre parte de la infancia del protagonista.

El conflicto y la contradicción están latentes, palpables en toda la novela. Como la vida misma, le dan lo que necesita para que sea un estilo de literatura que me absorve porque viene de la mano de una alta dosis poética y me atrevería decir, filosófica aunque no estoy instruido en esta materia (lo digo por el conocimiento de lo mejor y lo peor del hombre y que nos hace mirarnos a nosotros mismos), todo esto de una manera, que el que está al otro lado, no se da cuenta de cómo ha ido pasando las páginas. La cruda y real naturalidad, ser honesto con la misma verdad.

Un don, trabajo, oficio, la vida del hombre tras el nombre del autor de la obra. No sé, todo eso, un conjunto de todo eso, yo diría que redondo.

Las víctimas, los verdugos. Las víctimas que pasan a ser verdugos y viceversa. Momentos de leyenda y momentos para el antihéroe con los que uno identífica, desde la historia del protagonista, el mundo pero sin emitir juicios de valor ni facilismos.

Hay otro hilo común del que no me había percatado hasta ya avanzada la obra y es la presencia de la oscuridad que aparece en muchos capítulos. Creo que es otro gran acierto darle esa importancia porque creo que es un elemento clave y algo así como un hábitat donde se encuentra y reencuentra, con los años, la voz narradora.

Son así los libros que te dejan manteniendo un coloquio con él. Uno se sorprende al descubrirse hablando con las páginas, en este caso, con la pantalla del dispositivo. Suelo preferir el papel pero, en estos casos, se me olvida y puedo pasar largos ratos en este bendito ritual que me supone una gran lectura.

Quizás todo esto para decir que es un libro que se queda en el recuerdo para siempre, como las emociones (como dice Samuel) ya sean malas, ya sean buenas.

No sé cómo te encontrarás con el borrador pero al leerlo he tenido la sensación de estar ante una versión definitiva. Aunque yo de esto no entiendo, lo digo como lector.

Juan Carlos González Caballero – España

Nada diferencia la concepción literaria de la concepción plástica; el proceso creativo es idéntico. En el primer caso, el creador dibuja imágenes con las palabras; en el segundo, crea palabras con las imágenes.

El dibujo, el óleo o la acuerela, pueden ofrecer un discurso poético de la misma forma en que el poema o la prosa pueden ofrecer un discurso pictórico. En resumidas cuentas, estamos hablando de arte, independientemente de cómo se manifieste.

Pero yendo más allá, cuando ambas son leídas o visionadas por estos artistas (pintos y narrador o viceversa) da pie a inspiraciones mutuas: un poema o una narración puede inspirar una obra plástica y una obra plástica puede inspirar una obra literaria.

Y eso es lo que me ha pasado a mí con la lectura del último libro de Gavrí Akhenazi.

La literatura de Gavrí Akhenazi, la de La pasión triste, es una literatura visceral y auténtica. Prosa poética donde las haya, exuda un exquisito lenguaje metafórico que no deja indiferente, al tiempo que se revela como un lenguaje testimonial único.

Cuando te propones leer a Gavrí, la empatía y la sinergia te atrapan, y ahí quedas, en simbiosis con la escritura y con un mundo vivencial pletórico de emociones desgarradoras, donde el amor y el horror van de la mano, formando parte de la cotidianidad del hombre-guerrero-cooperante-escritor, que viste de belleza el espanto, en una catarsis continua para poder sobrevivir.

Entre cartas y epitafios, te sumerges en una obra literaria de una calidad y riqueza verbal inigualables.

Ovidio Moré – Artista plástico – Cuba

En prosa, en poesía o en lo que sea, Gavrí Akhenazi no deja de conmoverme nunca. Aprendo muchísimo de él, y le estoy sumamente agradecido. Lo considro una lección viva de cómo se debe escribir. Tengo que decirlo, porque es inevitable, pero sobre todo porque es verdad.

Cuando un libro me parece bueno, me quedo con ganas de seguir leyendo. Al llegar al final, siento una extraña sensación entre el estómago y el pecho, como si hubiese descubierto un tesoro invaluable o estuviese a punto de vivir una aventura o hubiese experimentado un hecho sorprendente que se sale de lo convencional. Eso es exactamente lo que me pasó con estas Postales luminosas.

Jorge Ángel Aussel – Argentina

Fotografía de Von es un libro refleja las vicisitudes de muchos hombres y mujeres que trabajan voluntariamente en regiones del África subsahariana, abandonados (ellos y las regiones) de la mano de la Humanidad y de sus organismos supuestamente representativos que ni siquiera parecen hacerse cargo de que esas regiones no solamente existen, sino que hay personas en estado de catástrofe habitando en ellas y por las cuales muchos otros hombres luchan diariamente desde el anonimato, honrando la idea de “prójimo”.

Volver atrás desde el presente más eléctrico y rabioso, y bucear en el “extremo desorden” de circunstancias vitales que no se han terminado nunca de enfrentar, y que siguen llamando a la puerta cuando parece que ya se ha escrito todo sobre todo en la vida.
Sucesos que están ahí, esperando descongelarse en el cerebro de un autor que, sólo escribiendo, asume y recicla sus aciertos y errores, sus fracasos y triunfos vitales.
Sucesos que permanecen hundidos como la parte invisible de un iceberg, a fuerza de voluntad, por el dolor que implica su recuerdo, y que en esta novela de pasado, presente y futuro, emergen para nuestra emoción, sin anestesia alguna.

Esta novela no es la culminación de la vida del autor, ni de su obra, porque estoy segura de que otras vendrán de la misma altura, pero sí es el comienzo de su aceptación más profunda, del perdón que no se concedía y de la puerta abierta a un futuro donde todas las claves de su personalidad quedan expuestas sin concesiones, sin falsa humildad y sin cargar las tintas en las crudelísimas situaciones que otros aprovecharían para epatar los bajos instintos del lector.

Todo es importante y esclarecedor en Hijos de tierras áridas. Hasta el detalle más nimio tiene un motivo para ser escrito. Nada sobra, ni la poesía ni el golpe de machete. Todo nos lleva a la intensidad de una historia en la que el autor ha dejado lo mejor de sí mismo con una enorme fecundidad literaria.

Hay otra vida tras la expuesta y él la tiene que vivir antes de escribirla. Yo me asombro de la manera extraordinaria en que se puede empezar un año, impoluto y abierto a nuevos temporales.
Robocop trasplantado, se quitó la armadura y escribió lo ineludible con la excelencia de un inaudito escritor de raza.

Morgana de Palacios – http://www.ultraversal.com – España

Si mi madre hubiera sabido hasta que punto soy hija de mi padre -nunca mejor dicho- no habrían pasado 32 años sin que él y yo pudiéramos conocernos y reconocernos. Salí a buscar un padre por el mundo. Un padre que se me pareciera. Curiosamente, di con el mío propio y acabé por descubrirme yo misma en él, toda esta yo inconclusa que a todos era extraña. Aquí debería decir: “tan extraña como mi padre es”. Estoy en la cumbre de mi “complejo de Electra” ¿verdad? ¿Qué hija no sueña con tener un padre que a la vez sea un héroe del que todos hablen maravillas y que el mundo respeta por como piensa, por como obra y por como escribe? Ese es el padre que yo encontré: un hombre profundo y lleno de ideales que nunca terminan de morir en él a pesar de todos los fracasos que implica llevar adelante una misión humanitaria en este África abandonada. Encontré que mi padre es un luchador vocacional por las causas humanas y como él se define:”un hombre que escribe lo que le pasa a todos los hombres”.

El pájaro de seda es el libro que mi padre escribió sobre y para mí.

Ionit Akhenazi – Kenya

Poieses de las barcas aborda trozos de ciertas realidades que ocurren en el África subsahariana, contadas desde un realismo emotivo que consigue hacer poesía con el horror de las guerras étnicas y religiosas que asolan la región.

Terminé el libro. Voy a enviártelo” fueron sus palabras y pensé: “no, por favor no“, porque recordar una guerra como aquella es volver a morir. Pero no me negué. La cobardía es un acto que reservo solo para mí cuando debo enfrentar mi memoria. Llegó así a mis manos el manuscrito de Relatos del páramo y comprobé que mi amigo le había cambiado el título original y puesto en su lugar “La muerte desde el páramo”. Inmediatamente acudieron aquellos momentos a esta cansada mente mía. Las palabras me trajeron olores, gritos, rostros que viajan junto al mío desde aquellos días de 20 años atrás y que no olvidaré porque es necesario mantenerlos vivos luego de que la guerra se los llevara como a un puñado de hojarasca. Los hombres en la guerra no son otra cosa que un puñado de hojarasca. Luego de leer el manuscrito, me pregunté cómo mi amigo puede hacer poesía con la guerra y cómo puede hacer que la guerra se transforme en un acto de humanidad y de horrenda belleza.

Sólo lo hace.

B. Kvekadze – Balcanes

Perseguidos por el karma de investigar durante 20 años un antentado terrorista irresuelto gracias a la complicidad estatal y frente al repentino asesinato del fiscal encargado de llevar adelante el caso, durante un convulso año electoral y luego de la asunción de un nuevo gobierno, dos agentes de inteligencia intentan acelerar los tiempos de la Justicia, aportando a la prensa una serie de datos -que el poder judicial funcional al gobierno saliente, celosamente ocultó- sobre el oscuro entramado de la corrupción estatal, produciendo una repercusión social insoslayable.

Animal de tormenta, cuando la realidad se transforma en una ficción.

En el escenario del Magreb, un grupo de agentes que es seleccionado para encontrar y repatriar a su país a un traficante de órganos para que sea juzgado, ve entorpecida su misión por la presencia de otra agencia extranjera que intenta encubrir su propio operativo endilgándoles a los primeros el atentado que planea perpetrar. Argumento tan convencional como real, ya que no hay nada más fantástico que la diaria realidad.

El guion de Congoja; la vida, esa ficción.

Sensación de Moebius : Dos paises, una frontera, la misma guerra contra el terrorismo fundamentalista. Un poco de la historia de hoy y aquí narrada en tres diferentes planos: como se vive lo que sucede, como el narrador cuenta lo que sucede y aquello que el protagonista piensa, siente y escribe en su diario, mientras los hechos suceden.