Ahora no queda nadie para hablar por mí

First they came for the comunists, and I did not speak out—
Because I was not a comunist.
Then they came for the trade unionists, and I did not speak out—
Because I was not a trade unionist.
Then they came for the Jews, and I did not speak out—
Because I was not a Jew.
Then they came for me—and there was no one left to speak for me.

Martin Niemöller

Digamos que nunca fui propenso a escribir distopías.

Cuando uno se acostumbra a vivir dentro de una, la describe como su realidad. En absoluto esa realidad le resulta distópica. Sabe que hay otro mundo, otro escenario que es de los otros, pero el suyo, el diario, es esa distopía en la que vive, ese lugar al que nadie entiende de verdad y al que nadie llega como a una realidad ocurrente, sino como algo que está «en otro país, en otro espacio, hasta en otro mundo» y que provoca en los que se anotician de que existe, comentarios conmiserativos y tristones, comentarios de alarma, de «¡cómo puede ser que no tengan agua, que los niños mueran de enfermedades ridículas o que mueran de hambre; que en los campos de refugiados se pudran los cadáveres junto a las tiendas hasta que llega el extenuado personal a llevárselos y quemarlos por ahí para que no se propaguen más pestes de las que ya hay!» Comentarios hechos desde el confort del sillón en el living; desde la comodidad alimentaria de una cocina nutrida; desde el mullido colchón en que se descansa frente al televisor.

Puedo seguir enumerando estas cosas de la irrealidad en la que media humanidad está sumida, pero no es la cuestión de estas palabras.

Los que vivimos en las distopías no observamos con horror las películas catástrofe ni nos hace preguntarnos nada The walking death. Somos «the walking death».

No nos asombra la muerte porque camina con nosotros a todas partes y chocamos con ella cada diez pasos, mientras imaginamos a cuántos podremos salvar de todos los que están destinados a morir y a cuántos deberemos resignar, porque los suministros no alcanzan y el orden de prioridades a veces debe estar incluído en el protocolo de nuestra conciencia.

Veía, desde esta cuarentena de hoy y aquí, las imágenes de monos, jabalíes, cabras, coyotes y ciervos invadiendo ciudades desiertas y aterrorizadas. Un oso famélico paseando por una avenida. Veía «un mundo sin humanos».

Y veía, también, todos esos microcosmos de los primeros y segundos mundos que tanto se compadecían desde su zona de confort de este último mundo de las distopías humanas donde el agua, el pan y la salud está negado, tomando conciencia de que el hombre es tan lábil como su destino y que frente a algunos enemigos de material genético invencible, con la capacidad de mutar en un abrir y cerrar de ojos y alzarse en su bolsa de espanto con la Humanidad en su conjunto, no hay nada que hacer.

Y este es un virus sereno, no es el Ébola de las distopías, por nombrar uno de «alfombra roja». Es un virus mortalmente sereno, cuya ferocidad consiste no en las muertes que causa sino en la velocidad con la que contagia de forma exponencial y sí, cuando abre la caja de Pandora de su letalidad, la muerte también es terrible, porque de los serenos todos dicen: «cuídate de la ira de los mansos».

Es un virus destinado a enseñarle algo al hombre que el hombre olvidó en cada ocasión en que se le intentó enseñar algo, sea mediante una epidemia o una guerra. Olvidó que la humana es una especie frágil, olvidadiza, innecesaria y dañina per sè.

Alguna vez debería aprender que la verdadera distopía no consiste en vivir donde yo he vivido, sino en la zona de confort en la que viven los demás. Esa es la verdadera distopía, la que crea la inopia: olvidarse de todos los prójimos y por sobre todo, olvidarse de que a pesar de ser muy vasto, el barco es uno solo y que, tarde o temprano, el aleteo de la mariposa en la popa, provocará el tsunami que arrasará la nave por la proa.

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  6 comentarios para “Ahora no queda nadie para hablar por mí

  1. marzo 28, 2020 en 22:56

    Por más que uno intente ponerse en el lugar del otro, hay experiencias extremas que son imposibles de comprender a fondo si no las viviste. Especialmente desde un universo que corre por tener un celular de última generación y tantas otras boludeces. Además, el confort de todo lo básico instalado no se aprecia en su medida: se da por descontado, es lo que corresponde, por lo tanto, cómo identificarse con los que no lo tienen.
    Bueno, ahora el virus nos hace sentir despojados, llenos de incertidumbre y de miedo. Nos acerca a ese otro mundo olvidado y negado.
    Me encantó la claridad de este texto y me tocó mucho.
    Un enorme abrazo, querido Gavrí.

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    • Gavrí Akhenazi
      marzo 28, 2020 en 23:10

      Sí. Es como un enorme experimento sociológico que involudra a toda la Humanidad. Cuidate mucho, amiga querida. Te abrazo.

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  2. Gildardo Lopez Reyes
    marzo 31, 2020 en 02:01

    Qué pertinentes palabras Gavrí.
    Me da risa cuando leo la aparente sorpresa de tantos que no pueden entender “la desgracia” que llegó.
    Te abrazo fuerte hermano.

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    • Gavrí Akhenazi
      marzo 31, 2020 en 15:33

      Me alegra que te parezcan pertinentes. Se ven muchas cosas hoy en día. Muchas cosas que la sociedad mantenía ocultas bajo el manto de lo “políticamente correcto”. Las cosas que sacan a los hombres fuera de foco sirven para que salga a la luz todo lo bueno y todo lo malo.

      Abrazos y espero que todo ande bien por ahí.

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  3. Juan Carlos González Caballero
    abril 4, 2020 en 18:02

    Me acuerdo mucho de algunas cosas que me decías, ni te lo imaginas.

    Es la hora, más que nunca, de ese metro cuadrado en el que la realidad está superando a la ficción.

    Es la hora de ver como se rompe el elástico que soportaba la máscara de tantos y que vea la luz todo lo malo y lo bueno que habita en el ser humano.

    Veremos luego de qué ha servido la epidemia. Desearía ver cambios, muchos, pero no lo sé.

    Seguimos protegiendo y protegiéndonos lo máximo posible en uno de los tantos frentes.

    Un abrazo fuerte.

    Te recuerdo mucho, Gavrí.

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    • Gavrí Akhenazi
      abril 4, 2020 en 20:57

      Mucho tiempo ha pasado, Juan Carlos. También te recuerdo y este último tiempo, con todo lo terrible que pasa en España, te tuve muy presente, porque te considero una persona abnegada en su trabajo.
      Cuidate mucho, compañero, vos y tu familia.
      Abrazos grande.

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