Qué haremos con tu nombre

(y ahora sin él)

Qué haremos con tu nombre, Ernesto,

si no una nueva bandera hecha con patrias

que no se desmoronan

ni las asaltan reyezuelos tristes

que se llaman Daniel.

.

Con tu nombre, veintiocho veces blanco,

y veintiocho mil veces encendido

como un sol que preside a todas las resurrecciones.

¿Quién puede apagar el largo cardenal que canta en tu estatura

y la simpleza intrépida que conlleva tu río?

.

Los hombres pequeñitos escapan de tu nombre,

quieren borrar tu nombre con su dedo pulgar,

decretar de una vez tu inexistencia con su dedo pulgar,

imperar en tu estampa, en tu edad, en tu lucha,

para no acostarse sabiendo que son lo miserable

que ha acampado en la tierra defendida

.

lo miserable

que no puede alcanzarte en el sueño del bien

con que naciste como un grito de greda caminante,

rodeador de la tierra,

fértil y húmedo…

.

Un grito hecho con rebeldía interminable

y con la eternidad de una semilla.

  4 comentarios para “Qué haremos con tu nombre

  1. Rosario Vecino
    marzo 3, 2020 en 03:52

    Qué preciosura. Recuerdo este poema porque me emocionó mucho, el reyezuelo le estaba intentando violar su entereza.
    Otra mala para el 1 de marzo 2020 ( para mis compas). Me lo llevo a face.
    Abrazo fuerte.

    Le gusta a 1 persona

    • Gavrí Akhenazi
      marzo 3, 2020 en 17:35

      Gracias por venir a leer, Sarito.
      Un abrazo muy grande.

      Me gusta

  2. marzo 3, 2020 en 17:46

    Un hermoso homenaje, Gavrí. Mirá en la nube que vivo, que me entero recién hoy de su fallecimiento.
    Un gran abrazo.

    Le gusta a 1 persona

    • Gavrí Akhenazi
      marzo 3, 2020 en 21:38

      Si te digo, estaba tan ocupado con mi propia enfermedad que me tiene como me tiene, que hace tiempo que no hablaba con Ernesto. Mucho tiempo, para ser justos y me pasó un poco como con Mario, que lo fui dejando, lo fui dejando, aunque él me decía ¿cuándo vas a venir, Roquita? y yo siempre por ahí, siempre en el culo del mundo, siempre haciendo otra cosa. Y cuando decís: me voy a hacer un tiempo para visitarlo y charlar y ver como está, resulta que lo tenés que ir a ver al cementerio. Siempre cuento eso de que cuando nos conocimos, yo tenía la idea de que Ernesto era un hombre alto, gigantesco. Y en realidad era una hombre gigantesco al que le habían dado un cuerpo pequeño. Cosas de la juventud, cuando uno era más idealista que razonable y andaba partiéndose la cara por ahí, junto a otros que hacían lo mismo.
      Abrazos, Mirel querida.

      Le gusta a 1 persona

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