Dolores divergentes

Sobre el dolor no se aconseja, porque el dolor es una circunstancia privada, íntima. Es una experiencia personal. No hay fórmulas que se puedan aplicar y que le vayan bien a todos. Cada dolor es personal y cada persona procesa el dolor a su modo. Entonces lo único que no se debe usar para acompañar el dolor, son fórmulas. No podemos ir avasallando las expresiones de dolor ajenas, tratando de que escuchen nuestras fórmulas o dándoles recetas de como sufrir o por qué o para qué sufrir.

La única forma de saber acompañar el dolor es observando el dolor, ver como el dolor se compone en cada ser humano y a partir de esa individualidad de cada dolor, aprender.

Solamente aprendiendo el dolor se puede acompañar el dolor ajeno. Pero nunca en base a fórmulas preconcebidas o a cuestiones casi deletéreas como que algunos se lo merecen en el camino de llegar al cielo.

El dolor es un hecho carnal. Es un trance carnal, visceral y personal. Solamente conociendo el propio se accede al dolor del prójimo. Solamente cuando uno se desangra aprende lo que es una hemorragia, por fuera de cualquier teoría sobre la extravasación sanguínea.

Ese es mi punto. No hablar con supuestas fórmulas paliativas del dolor. Las fórmulas son siempre hipótesis teóricas para escribir en libros de autoayuda.

La mejor forma de acompañar el dolor es oírlo en la boca del dolorido y desprenderse de cualquier preconcepto.
Oír el dolor en la boca del dolorido.
Oírlo sin querer explicárselo a él (al dolorido), porque el dolor es dolor y no hay una “teoría del dolor”. Hay práctica del dolor, solamente y para acompañarlo, es imposible ser un teórico de las fórmulas. Hay que ser un práctico de la condición humana.

Imagen: 3ª guerra del Congo – Campo de refugiados bajo fuego by Walter Astrada

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  4 comentarios para “Dolores divergentes

  1. septiembre 25, 2019 en 18:06

    Es muy sabio lo que decís, porque por más empatía que tengamos con el otro, cada uno vive el dolor de un modo diferente. El dolor hasta puede servir para sentirse menos solos y eso nadie puede comprenderlo.
    También es muy difícil acompañar el dolor ajeno, reaviva los nuestros, queremos consolarlo, en el mundo falta oído, casi nadie escucha, enseguida buscan palabras para calmar(se).
    Me gustó mucho como encaraste este tema, desde el ángulo de quien ha sufrido y también ha visto tanto sufrimiento.
    Un gran abrazo querido Gavrí.

    Como soy cabeza dura sigo intentando dejarte el comentrio en el blog, a ver si ahora lo logro.

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  2. Gavrí Akhenazi
    septiembre 25, 2019 en 18:44

    Y lo lograste, Mirel querida. Así que te agradezco mucho esa fuerza de agua que se las ingenia siempre para abrirse paso. De otro modo, se me pierden en la vorágine del Face. Acá están ordenados, los encuentro si los busco y me gusta releerlos, por esa parte romántica que tenemos los monstruos, cuando precisamos que alguien no nos vea tan monstruos y sea capaz de hacernos una caricia a tiempo.
    Abrazos, mi amiga tan querida.

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  3. Maria Quesada
    septiembre 26, 2019 en 09:23

    El dolor es tan infame que no se deja tocar, ni por uno mismo, es como un perro rabioso que si intentas calmarlo ataca. El dolor hay que pasarlo y aguantarlo hasta que pasa de largo, sin embargo, hay personas curativas. Personalmente, en los momentos que he sufrido, no quería ni siquiera el consuelo de nadie, es como que necesitas que te dejen sola con tu dolor, después te das cuenta de que los demás también sufren y entonces tienes que dejar de la lado el tuyo para socorrer al otro. Es lo que te saca de ahí, otro dolor más grande. No sé, Gavrí. El miedo también es físico. Yo lo he sentido como si fuera una culebra que está en el estómago y se mueve, y baja por las piernas y te eriza toda. Es muy desagradable y me atrevo a decir que el miedo enferma, crea nudos en el cuerpo que luego se alimentan de ti, el miedo, como el dolor no físico, se somatizan.
    Un abrazo.

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    • Gavrí Akhenazi
      septiembre 26, 2019 en 12:15

      Si, María. Dolor y miedo crean sus nudos y uno está atado hasta el momento en que los desata y los supera. Mientras tanto, esas cosas le pasan a uno. Los de afuera son de palo. Nos pueden acompañar y si es en silencio, mejor.
      Abrazos.

      Me gusta

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