Cosas de cosos

Salida momentánea de Back to black

Al final el tipo piensa que está recontra al pedo y que no tiene en qué gastar el puto tiempo dentro del puto hospital al que se confinó solo; entonces se mete en cosas que quizás le interesaron en alguna otra época, cuando la juventud era una avalancha y el mundo en el que se movía, descubría con asombro y cierta estupefacción —dada su irrefrenable irreverencia—, el talento de cuna que traía y que maestros como Amos Oz le enseñaron a manejar.

Ahora, el regreso lo hace sentir en cierto modo idiota y poseedor de una idiocia crítica para consigo porque se ve metido en cosas que no le atañen y por momentos participa como si lo hicieran.

El desgaste de las etapas le ofrece un cansancio mórbido que se torna locuaz sin que él termine de permitírselo, como si dos aspectos del sí mismo se manifestaran para contraponerse y entretenerle el vicio de ser quien es y quien no es o de quien es y quien ya fue y dejó de ser por propia voluntad.

Suben los dos al ring. Son dos cosos que suben al ring y uno le grita al otro que cuando entrás en fase argentina te ponés complicado al reverendo pedo. Cosos, porque el tipo no sabe bien qué son pero sí sabe fehacientemente que no son cosas. Vulgarismo argentino, coso, eso que no llega a tener un nombre en la mente.

Pensá en uno de los cosos, le dice un coso al otro y dale para adelante con él y bajate del otro coso un rato, a ver si te oxigenás, que estás involutivo y me está poniendo de mal humor que esa involución se reconcentre en una especie de saco vitelino egoico donde lo único que hay es el coso que habla de su cosismo.

El otro coso quiere saber qué quiere decir egoico, así que el primero de los cosos que tomó la palabra le explica que pertenece al ego, a vos que te gustan los neologismos, me tendría que fijar si existe la palabra y si no, hacé un esfuerzo, no es difícil entender lo que mierda te estoy diciendo: tu ego argentino y tu desparpajo israelí, qué mala dupla, chabón, insiste ese coso en pintar el cuadro de ambos y de interpelar al tipo que los está mirando discutir sobre por qué está haciendo cosas que hace desde que tiró todos los premios a la basura, que ya no hace, siquiera por placer.

Cuando llega la enfermera, los dos cosos dicen al mismo tiempo: no me pongas más esa cagada, que me hace hacer cosas idiotas y no tengo ganas de delirar. La enfermera mira al tipo y responde: «Tu vida es un delirio».

  4 comentarios para “Cosas de cosos

  1. julio 24, 2019 en 22:55

    La verdad es que la combinación del ego argentino y el desparpajo israelí, no es cualquier cosa a la hora de llegar a un acuerdo, digamos emocional, eh?. Igual me gustan estos divagues tuyos, propios de cuando te aprieta el zapato por algún sitio.
    ¿Con quién te ibas a pelear si te deshaces de alguno de los cosos?
    A mí también me gustan los neologismos (ríome).

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    • Gavrí Akhenazi
      julio 24, 2019 en 23:01

      Espero recuperar mi naturaleza equidistante y pragmática, cuando tenga menos techo y más jardín (por el tema de hacer reposo mientras me siento a escribir mirando el jardín -no sé qué idea pelotuda tendrán mis médicos de lo que es un escritor- para canalizar mi vocación por las catástrofes.

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  2. julio 24, 2019 en 23:11

    Ese es tu problema, ser tú más allá de todos los cosos que te habitan. (ríome)
    Gansoooooooooooo

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    • Gavrí Akhenazi
      julio 24, 2019 en 23:12

      Cosos, no gansos. Por más que de vez en cuando se me ocurra alguna gansada. Juaaaaaaaaaaaasssssss.

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